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Septiembre – Diciembre 2025
Revista Científica Zambos / Vol. 04 / Num. 03/ www. revistaczambos.utelvtsd.edu.ec
limitado. Agravando cuando se compara la doble valoración de “claridad” y
“accesibilidad” para la política interna de la institución. Es decir, mientras la mayoría
de los docentes dice que conoce las políticas internas de sus instituciones, un
porcentaje menor de estudiantes dice lo mismo. Esto parece sugerir que, si bien el
personal educativo conoce al marco normativo, no lo socializa suficientemente con la
comunidad estudiantil, limitando la plena conciencia de los estudiantes de las normas
y, por tanto, de su posibilidad de participar plenamente en la cultura inclusiva.
La preparación del profesorado es un pilar importante para la inclusión por ende, una
mayoría de los docentes siente que ha recibido formación adecuada para adaptar el
currículo a estudiantes con necesidades especiales. Sin embargo, esta percepción
positiva se matiza cuando se analiza la aplicación de dicha formación, ya que una
parte importante de los docentes considera que los programas no incluyen suficientes
estrategias prácticas para la enseñanza a grupos vulnerables. Un estudio de
Hernández y Grasst (2021) descubrió la misma opinión respecto a la adecuación de
la capacitación, en este se escribió que, aunque las políticas ecuatorianas enarbolan
el concepto de inclusión, la formación de los maestros no puede cubrir
adecuadamente la diversidad en las aulas, debido a que los programas de formación
rara vez son lo suficientemente extensos y localizados para abordar la inclusión.
Hasta cierto punto, una brecha entre las percepciones de los docentes y la realidad
también es evidente, una mayoría de docentes de las unidades educativas cuenta con
los recursos materiales necesarios eligió respuestas afirmativas, por otro lado, los
estudiantes respondieron la pregunta de manera mucho más incierta. Si bien algunas
afirmaciones de los docentes presentaron una realidad, los estudiantes, en su
mayoría, tomaron posiciones neutrales y negativas, eso fue una indicación sobre la
invisibilidad o inaccesibilidad percibida del apoyo. Palmeros y García (2020), quienes
concluyeron que, en América Latina, la escasez de recursos, tanto materiales como
humanos, sigue siendo una barrera para lograr la educación inclusiva, en su estudio
los autores encontraron que, a pesar de las políticas, el porcentaje significativo de
escuelas carece de recursos adecuados, dando como resultado que los estudiantes
con discapacidades no se integran adecuadamente.
Por otro lado, Torres, González y Almachi (2023) mencionan que el proceso de
inclusión es un componente de dos procesos: el primero implica aumentar la
participación de los estudiantes en las escuelas regulares y en la comunidad, y el
segundo implica disminuir su exclusión de las instituciones educativas. Si bien es
cierto, en lo que concierne a la adaptación curricular, en cuanto a llevar a cabo
adaptaciones, los resultados del estudio indican que los docentes hacen su mejor
esfuerzo, sin embargo, la alta cantidad de número de estudiantes por aula repercute
de manera directa en que no se logra una atención personalizada.
El estudio también descubrió que, en algunas situaciones, las actitudes de la
comunidad educativa dificultaban la inclusión, estos resultados son coherentes con
los de Jaya (2022) sobre las barreras para la educación inclusiva en Ecuador donde