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Revista Científica Zambos
ISSN: 3028-8843
Vol. 5 - Núm. 1 / EneroAbril 2026
Revista Científica Zambos / Vol. 05 / Num. 01/ www. revistaczambos.utelvtsd.edu.ec
Genética forense y criminología: alcances, límites y
desafíos del ADN en la investigación criminal y la
justicia penal
Forensic genetics and criminology: scope, limitations and
challenges of DNA in criminal investigation and criminal justice
Castillo-Narea, María Belén
1
Méndez-Cabrera, Blanca Michelle
2
https://orcid.org/0009-0003-8486-0605
https://orcid.org/0009-0009-3547-5632
belen.castillo@ucacue.edu.ec
blanca.mendez@ucacue.edu.ec
Ecuador, Cuenca, Universidad Católica de Cuenca
Ecuador, Cuenca, Universidad Católica de Cuenca
Arévalo-Moscoso, María Verónica
3
Méndez-Carchi, Nelly Mercedes
4
https://orcid.org/0000-0001-9569-9122
https://orcid.org/0000-0002-2186-2879
maria.arevalo@ucacue.edu.ec
nelly.mendez@ucacue.edu.ec
Ecuador, Cuenca, Universidad Católica de Cuenca
Ecuador, Cuenca, Universidad Católica de Cuenca
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.69484/rcz/v5/n1/160
Resumen: La genética forense se ha consolidado
como una herramienta científica relevante dentro de las
ciencias forenses, con un impacto significativo en las
investigaciones penales y civiles del sistema de justicia
contemporáneo. El análisis de ADN ha transformado
los procesos de identificación y reconstrucción de
hechos delictivos, adquiriendo un alto valor probatorio
en el ámbito judicial. Sin embargo, su creciente
centralidad ha generado cuestionamientos
relacionados con su interpretación, uso acrítico y
posibles implicaciones éticas y criminológicas. El
objetivo de este artículo es analizar críticamente la
evolución y aplicación de la genética forense desde
una perspectiva criminológica, más alde su eficacia
técnica. Para ello, se empleó una metodología
cualitativa y no experimental, basada en la revisión
sistemática de literatura científica reciente y en el
análisis doctrinal de textos académicos especializados.
Los resultados del análisis evidencian que el ADN
forense no constituye una prueba autosuficiente ni
definitiva, sino que su valor depende de procesos
interpretativos y de contextos institucionales
específicos. En conclusión, se destaca la necesidad de
promover un uso más reflexivo, contextualizado y
responsable de la evidencia genética en la
investigación criminal y en la administración de justicia
penal.
Palabras clave: genética forense, criminología,
investigación criminal, ADN forense, justicia penal.
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Abstract:
Forensic genetics has become a relevant scientific tool within the field of forensic
sciences, exerting a significant impact on both criminal and civil investigations in
contemporary justice systems. DNA analysis has transformed processes of
identification and the reconstruction of criminal events, acquiring high evidentiary value
in judicial contexts. However, its increasing centrality has also raised concerns related
to interpretation, uncritical use, and potential ethical and criminological implications.
The aim of this article is to critically examine the evolution and application of forensic
genetics from a criminological perspective, beyond its technical effectiveness. To this
end, a qualitative and non-experimental methodology was employed, based on a
systematic review of recent scientific literature and a doctrinal analysis of specialized
academic text. The results indicate that forensic DNA does not constitute a self-
sufficient or definitive form of evidence; rather, its probative value depends on
interpretative processes and specific institutional contexts. In conclusion, the study
highlights the need to promote a more reflective, contextualized, and responsible use
of genetic evidence in criminal investigation and the administration of criminal justice.
Keywords: forensic genetics; criminology; criminal investigation; forensic DNA;
criminal justice.
1. Introducción
En las últimas décadas, pocas herramientas han transformado de forma tan profunda
la investigación criminal como el análisis de ADN. Sin embargo, su creciente
centralidad ha generado debates que trascienden el laboratorio. En la actualidad, la
genética forense ocupa un lugar central en los procesos de identificación,
reconstrucción de incidentes delictivos y toma de decisiones judiciales, lo que ha
fortalecido su aceptación como evidencia científica dentro del sistema de justicia
penal.
Esta prominencia ha llevado a una mayor confianza en la información de ADN forense
dentro de las instituciones, comúnmente considerada como objetiva y sin errores
(Butler, 2020; Gill et al., 2021). No obstante, el uso del ADN forense no se limita al
ámbito técnico del laboratorio. Su aplicación implica procesos de interpretación
complejos, sustentados en modelos estadísticos y condicionados por decisiones
humanas que se desarrollan en contextos específicos de la investigación policial, la
pericia y la administración de justicia. Diversos estudios señalan que el valor
probatorio del ADN no es automático ni invariable, sino que depende de la forma en
que los resultados son interpretados, comunicados y comprendidos por los
operadores del sistema penal (Taylor et al., 2020; Thompson, 2020).
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Desde el ámbito de la criminología, el uso del ADN forense ha sido objeto de análisis
desde finales del siglo XX, al considerarse una herramienta que redefine las prácticas
de control del delito y amplía la capacidad del Estado para identificar, clasificar y
gestionar poblaciones consideradas delictivas. El crecimiento de las bases de datos
genéticos y la creciente dependencia de esta prueba han generado debates en torno
a la vigilancia, la penalización selectiva y la reproducción de posibles prejuicios
estructurales en el sistema de justicia (Williams & Johnson, 2020; Toom, 2021; Lynch
et al., 2021). Asimismo, se ha advertido que una confianza excesiva en el ADN forense
puede derivar en la subestimación de otras pruebas, la descontextualización del hecho
delictivo y la perpetuación de sesgos cognitivos en la evaluación pericial y judicial (Dror
et al., 2021; Saks et al., 2020).
Estas dinámicas adquieren especial relevancia en los tribunales, donde no siempre se
comprende adecuadamente la naturaleza probabilística del ADN forense, lo que
puede afectar la calidad de las decisiones judiciales y, en situaciones extremas,
contribuir a la ocurrencia de errores judiciales. En este contexto, el presente trabajo
parte de la premisa de que el ADN forense, lejos de constituir una prueba
autosuficiente, adquiere significado dentro de marcos institucionales y decisiones
humanas concretas. Desde esta perspectiva, su valor probatorio no puede
comprenderse al margen de los procesos interpretativos, organizacionales y jurídicos
que median su utilización en la investigación criminal y en la justicia penal. En
consecuencia, el objetivo de este artículo no es describir únicamente los avances
técnicos de la genética forense, sino ofrecer una interpretación criminológica crítica
de su aplicación en la investigación criminal y la justicia penal.
2. Metodología
Se optó por un enfoque cualitativo y no experimental, considerando que el objetivo del
trabajo no era producir datos empíricos, sino problematizar críticamente el uso del
ADN forense desde una perspectiva criminológica. Dado que el objetivo del estudio
no fue la producción de datos empíricos mediante trabajo de campo o laboratorio, sino
la reflexión crítica sobre el papel del ADN forense en contextos penales, se optó por
una metodología basada en la revisión de literatura y el análisis documental. La
revisión de la literatura se llevó a cabo de forma sistemática, selectiva y orientada a
trabajos académicos recientes disponibles en bases de datos reconocidas por su rigor
científico como Scopus, Web of Science, Google Scholar y SciELO. Se incluyeron
artículos científicos (revisiones y reportes), capítulos de libros e informes
institucionales publicados a partir de 2020, priorizando aquellos que abordaran la
genética forense desde perspectivas interdisciplinarias, criminológicas, jurídicas y
éticas. Se consideraron criterios de relevancia temática, calidad académica y
pertinencia para los objetivos del estudio en la selección de las fuentes.
El procesamiento de información se llevó a cabo con una técnica de análisis crítico–
interpretativo. En una primera etapa, las fuentes seleccionadas fueron analizadas
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para identificar los conceptos claves, marcos teóricos y debates actuales en relación
al uso del ADN forense en investigación criminal y sistema de justicia penal. Luego se
llevó a cabo un proceso de confrontación entre las distintas posiciones teóricas, con
el propósito de detectar puntos de acuerdo, tensión y vacío en la bibliografía. Los
hallazgos de la revisión documental fueron posteriormente interpretados a partir de
aportes teóricos de la criminología contemporánea, lo cual posibilitó que el empleo del
ADN forense fuese situado en dinámicas más generales de control social, toma de
decisiones penales y ejercicio del poder punitivo. Este análisis permitió no sólo hacer
una descripción del conocimiento actual, sino también plantear una reflexión crítica
que sirviera a la luz de lo logrado en cuanto a los alcances, las limitaciones y las
repercusiones del ADN forense en la práctica del derecho penal.
Por último, a partir del análisis desarrollado en este capítulo, se elaboró una
propuesta criminológica que tiene por objeto fomentar un uso más responsable del
ADN forense en la investigación criminal y justicia penal. La propuesta se basa en una
amalgama crítica de la literatura que fue examinada con el fin de articular principios
científicos, criminológicos y éticos a fin de generar una reflexión que posibilite la
discusión sobre una aplicación más balanceada del genotipo forense en el contexto
penal. Este enfoque metodológico permitió ir más allá de una revisión meramente
descriptiva, situando el análisis del ADN forense dentro de un marco criminológico que
problematiza sus usos, significados y efectos en la práctica penal contemporánea.
3. Resultados
3.1. La genética forense en las ciencias forenses: más allá del laboratorio
Desde una lectura criminológica, resulta insuficiente analizar la genética forense
únicamente como técnica, sin atender a las decisiones que median su aplicación. En
el ámbito judicial, el análisis del ADN no es un fin, sino un recurso científico que sólo
tiene sentido cuando es recabado, interpretado y utilizado dentro del contexto de una
investigación criminal particular (Butler, 2020; Gill et al., 2021). En técnicas, el ADN
forense es basado en procedimientos normalizados con el rasgo común en garantizar
que los resultados son reproducibles y fiables. Sin embargo, la literatura más reciente
pone de manifiesto que incluso en la medicina altamente protocolizada hay espacio
para la incertidumbre en relación con la calidad de las muestras, la complejidad de las
mezclas genéticas, y la aplicación de modelos estadísticos para la evaluación de la
evidencia (Taylor et al., 2020). Estos hechos demuestran que la evidencia genética
no es simplemente una mirada binaria a coincidir o no con una secuencia, sino que
implica llevar a cabo procesos de interpretación que exceden el grado estrictamente
biológico.
En este sentido, la genética forense es constantemente complementada por otras
ciencias forenses como la criminalística, la medicina forense y la estadística forense.
Esta convergencia interdisciplinaria es crucial para la reconstrucción de los hechos y
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para la apropiada contextualización de los resultados genéticos. Las pruebas de ADN,
por solas, no indican cómo ocurrió un crimen ni automáticamente hacen
responsable penalmente a quien ellas señalan, su valor está en cómo se suman a
otras pistas y en cómo son interpretadas a partir del contexto criminológico del caso
(Murphy, 2021). Varios trabajos han alertado sobre que el aumento de importancia de
la genética forense dentro de la ciencia forense ha llevado a una tendencia a su
sobrevaloración, particularmente en contextos judiciales. Esta circunstancia puede
llevar a sobrevalorar la evidencia genética en detrimento de otras, y a hacer flaquear
el análisis global del hecho delictivo (Saks et al., 2020). Desde esta perspectiva, la
genética forense puede llegar a ser entendida como una prueba contundente cuando
en realidad es simplemente un aspecto dentro de un conjunto de evidencia que es
complejo y dinámico.
De igual forma, a la hora de interpretar la prueba genética, también hay humanos que
intervienen. Recientemente, los sesgos cognitivos y contextuales han sido reportados
que afectan al trabajo en apariencia objetiva en disciplinas tan técnicas como la
genética forense (Dror et al., 2021). Los sesgos pueden establecerse en la selección
de hipótesis, en la interpretación de mezclas de ADN o en la forma en que los
resultados son comunicados a las autoridades judiciales, acrecentando la necesidad
de analizar el ADN desde una perspectiva crítica e interdisciplinar. Desde la
criminología, la génesis de esta conceptualización indaga en la posibilidad de
entender la genética forense en tanto práctica a través de la cual se hace investigación
no ya sin salirse del laboratorio, sino muy por fuera de él, para poder situarla en las
dinámicas concretas de la investigación criminal. El ADN forense no solo genera datos
científicos, sino que también determina la dirección de la investigación, la
identificación de los sospechosos y la creación de una narrativa sobre el delito. En
este sentido, hace a una influencia directa en la forma del ejercicio del poder penal y
toma de decisión en el sistema de justicia. Así, la consideración exclusiva a la
perspectiva técnica de la genética forense como objeto desconectado de la práctica
se revela como una aproximación insuficiente para comprender su verdadera
extensión en las ciencias forenses. En este sentido, la comprensión de su carácter
interpretativo, contextual y humano es un avance imprescindible para valorar
críticamente su función en la investigación criminal y su impacto en la justicia penal.
Este enfoque facilitará el establecimiento de bases para que el ADN forense se utilice
de manera más reflexiva y responsable, alineada con los principios científicos,
criminológicos, y legales que deben informar la labor forense en la actualidad.
3.2. Organización del trabajo: Reconstrucciones del delito, poder probatorio y
decisiones desde la criminología del ADN forense.
Desde una perspectiva criminológica, el ADN forense no puede entenderse
únicamente como un mecanismo de identificación, sino como un elemento que incide
en la forma en que se investiga, se interpreta y se construye el relato del delito. Su
utilización en la investigación criminal ha transformado las metodologías clásicas de
reconstrucción del delito, introduciendo un desplazamiento progresivo desde la
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observación directa y el testimonio hacia la evidencia científica como centro del
procedimiento indagatorio. La reconstrucción criminológica del delito exige conciliar
diversas dimensiones, entre ellas espacio-temporales, conductuales y contextuales
para llegar a conocer las causas de cómo se cometió un crimen y qué implicación
tuvieron en éste sus distintos actores. En este contexto, el ADN forense proporciona
información significativa al identificar enlaces biológicos entre seres humanos, cosas
y lugares. Pero su aporte no es explicativo en sí: Puede la muestra mostrar la
presencia de un perfil genético en un lugar particular, pero esto, per se, no explica las
circunstancias, la intencionalidad, o el significado criminológico de esa presencia
(Murphy, 2021).
Además, en la propia investigación el ADN forense cumple una función de guía en las
decisiones policiales. Los resultados pueden influir en la priorización de sospechosos,
asignación de recursos de investigación y dirección general de la investigación
criminal. Este poder direccional, si bien positivo, también puede conllevar efectos
problemáticos si se ejerce de forma acrítica o por vía de sobrevaloración o
descontextualización de las pruebas genéticas en comparación con otros medios
probatorios racionales (Gill et al., 2021). Desde una perspectiva de criminología crítica,
se ha denunciado que la centralidad del ADN forense en la práctica confirma y refuerza
una lógica de objetivación tanto del delito como del sujeto que se investiga, en la cual
la identidad genética se les atribuye un valor altamente determinante para establecer
la sospecha penal. Dicha dinámica puede contribuir hacia procesos de selectividad y
estigmatización, particularmente en grupos poblacionales que se encuentran
sobrerrepresentados en bases de datos de ADN forense (Williams & Johnson, 2020;
Toom, 2021). En ese sentido, el ADN forense no solo funciona como un artefacto
científico sino también como un dispositivo de control social que determina quienes
son investigados y bajo qué condiciones.
La evidencia del ADN forense se presenta con toda su potencia en las salas de justicia,
donde se lo considera, por lo general, como un tipo de prueba de fiar y con pocas
posibilidades de contradicción. Sin embargo, diversas investigaciones recientes
subrayan que esta percepción puede conllevar un efecto “corrimiento probacional” en
el que jueces y fiscales cuando pesan las pruebas sobre el caso, otorgan un peso
especular a la prueba genética, restando atención a una postura de análisis (Saks et
al., 2020; Thompson, 2020). Desde de la óptica criminológica este fenómeno es
preocupante, ya que puede llegar a simplificar la complejidad del hecho criminal hasta
convertirlo en una cuestión únicamente técnica. También, los procesos de decisión-
en especial en la -evidencia del ADN forense se ven mediados por interpretaciones
humanas y no son neutrales ni libres de incertidumbre y de sesgos cognitivos. La
criminología ha demostrado que las decisiones tomadas durante la investigación
criminal raramente son neutrales y que ciertos elementos organizacionales, culturales
y cognitivos afectan la manera como la evidencia es evaluada y utilizada. La genética
forense, a pesar de su apariencia objetiva, no está exenta de estas dinámicas, lo cual
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potencia la necesidad de estudiarla como un uso crítico e interdisciplinario (Dror et al.,
2021).
Por tanto, pensar el ADN forense desde la criminología posibilita entenderlo como
una herramienta que interviene activamente en la producción de conocimiento penal
y en la definición de las prácticas de investigación policial y criminal. Aunque útil en
sentido estrictamente técnico, el ADN forense determina la forma en que se define la
verdad judicial y las narraciones sobre el delito, y a través de ellas se toman decisiones
político-penales. Es de gran importancia tener en cuenta estas implicaciones a fin de
impedir una interpretación reduccionista de la genética forense, y promover por lo
tanto una utilización más balanceada, reflexiva y contextual de esta herramienta
científica. En este sentido, el ADN forense no sólo afecta a la concepción
criminológica del delito, sino que además incide directamente en la investigación
criminal concreta, y éste será el objeto del siguiente epígrafe.
3.3. El uso práctico de ADN forense en investigaciones criminales: alcances y
limitaciones
En la práctica investigativa, el ADN forense se ha consolidado como un recurso central
para orientar las pesquisas criminales, aunque su impacto real depende de las
condiciones concretas en que es aplicado e interpretado. En la actualidad, el ADN es
una herramienta fundamental para resolver crímenes complejos, especialmente
aquellos en los que la ausencia de testigos, la falta de indicios materiales o el
transcurso del tiempo dificultan la reconstrucción de los hechos. Esta influencia ha
ayudado a estabilizar la legitimación del ADN forense como una fuente importante
para combatir el crimen (Butler, 2020; Gill et al., 2021). Una de las contribuciones más
significativas del ADN forense a la investigación delictiva es su potencial para realizar
asociaciones objetivas entre individuos y escenas del crimen. Esta habilidad ha
permitido confirmar hipótesis de investigación, eliminar sospechosos y redirigir
investigaciones en callejones sin salida. En particular, el análisis de ADN ha resultado
ser particularmente significativo en la resolución de casos antiguos o "cold cases", en
los cuales el material genético puede alcanzar un nuevo significado gracias a los
avances tecnológicos y a la integración de bases de datos genéticas (Murphy, 2021).
Sin embargo, las consecuencias positivas del ADN forense en la investigación
criminal están lejos de ser sencillas y perfectas en la práctica. La literatura reciente
advierte que el predominio de la prueba genética podría provocar una dependencia
excesiva de la misma y dejar de lado otras líneas investigativas también válidas. En
ciertos lugares, la espera de los resultados genéticos puede impedir que el trabajo
urgente de investigación avance, mientras que en otros lugares se detecta una
inclinación a desechar otras hipótesis cuando no son apoyadas por pruebas de ADN,
aunque existan indicios criminológicos coherentes (Saks et al., 2020). Por otra parte,
el valor del ADN forense está influido también por el contexto, la calidad de las
muestras, las condiciones de muestreo, el tiempo transcurrido desde el delito y la
adecuada interpretación de los resultados. La presencia de mezclas genéticas,
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perfiles parciales o la contaminación de muestras añade grados de incertidumbre que
también deben ser gestionados cuidadosamente en la investigación criminal. (Taylor
et al., 2020; Thompson, 2020; Champod et al., 2021). Desde el punto de vista
criminológico, estas limitaciones sugieren que hay que evitar lecturas simplistas que
consideren el ADN como prueba concluyente y tener en cuenta su naturaleza
probabilística y contextual.
Un elemento siempre vigente en relación al impacto de la tecnología del ADN en la
investigación criminal (y una que conduce a sesgos levemente negativos para la
fuerza política en este caso) tienen que ver con las decisiones sobre políticas y
estrategias en las agencias de seguridad. Los resultados genéticos también pueden
afectar la distribución de recursos, la prioridad de los casos y las investigaciones.
Aunque tiene sentido y esta tendencia puede ayudar a que la investigación sea más
eficiente, esto también puede tener el riesgo de reforzar prejuicios institucionales,
especialmente si las bases de datos genéticas son una representación de
desigualdades estructurales en quienes tienen la oportunidad de figurar en ellas
(Williams & Johnson, 2020; Toom, 2021). En estos términos, el ADN forense es no
solo una herramienta técnica sino algo que implica en el hacer cotidiano de la
investigación criminal. El empleo de estas puede derivar en mejoras en la eficacia
investigativa y en la implementación de problemáticas dinámicas sin ser acompañado
por una reflexión crítica y por mecanismos de control adecuados. La criminología
proporciona un marco analítico esencial para explicar cómo la evidencia genética ha
influido en las decisiones policiales y en la creación de la sospecha penal.
En consecuencia, debería asignarse un justo valor al impacto del ADN forense en la
investigación criminal, tanto reconociendo los beneficios, como reconociendo las
limitaciones de éste. En vez de ser la panacea, la genética forense es un arma
poderosa, el valor de la cual depende de que sea utilizada de la mano con otras
evidencias, con el contexto criminológico del caso y con capacidad de los operadores
del sistema penal para interpretar, a través de resultados, de forma crítica y
responsable. Este reconocimiento es fundamental para prevenir una dependencia
acrítica del ADN y para traducirse en informes, reuniones entre salud e investigación
y acciones cívicas que fomenten investigaciones más fuertes, integrales y respetuosas
de los principios que gobiernan la justicia penal. La influencia del análisis del ADN
forense durante la investigación no se queda en la policía, sino que se traslada
directamente a la sala de audiencias, donde la evidencia genética tiene un peso
significativo en el proceso de evaluación probatoria a la vez que en el proceso de toma
de decisiones de carácter penal.
3.4. El papel del ADN forense en el sistema de justicia penal: interpretación
probatoria y decisiones judiciales
En el ámbito de la justicia penal, el ADN forense ha adquirido un peso probatorio
significativo, especialmente en la valoración judicial de los hechos delictivos. Su
carácter científico y la percepción de objetividad que lo rodea suelen generar un alto
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grado de confianza en los operadores jurídicos, lo que incide directamente en la forma
en que se valoran las demás pruebas del proceso (Edmond et al., 2022). No obstante,
esta centralidad genera retos importantes cuando la evidencia genética es
interpretada sin un entendimiento de sus implicaciones, limitaciones y supuestos
probabilísticos (Saks et al., 2020; Thompson, 2020).
La valoración judicial del ADN forense se apoya en razonamientos de carácter
probabilístico, cuyo adecuado entendimiento resulta fundamental para evitar
interpretaciones simplificadas o erróneas. Sin embargo, se ha subrayado en diversos
estudios que el ADN forense parece tener un estatus privilegiado en la toma judicial
de decisiones, lo que podría llevar a un desequilibrio en la ponderación de las pruebas
y a una excesiva confianza en los resultados genéticos (Murphy, 2021). Esto es
especialmente problemático cuando los jueces y fiscales no tienen la suficiente
formación para que entiendan el carácter estadístico y probabilístico de la evidencia
genética.
La interpretación del ADN forense empleada en el sistema legal se fundamenta en
cálculos probabilísticos que intentan comunicar la fuerza de la evidencia con respecto
a una hipótesis alternativa. No obstante, la demarcación o línea divisoria de estos
términos técnicos y científicos y el derecho no es siempre clara y precisa. Actualmente
la literatura advierte que frases como “genetic match” o “high probability” podrían ser
mal entendidas conduciendo a error acerca de la culpabilidad o inocencia de un
individuo (Gill et al., 2021). Desde la criminología, estas dificultades comunicativas
pasan a condicionar la construcción de verdad judicial, y la legitimación con ella de la
decisión punitiva.
Por otro lado, la aplicación del ADN forense en el sistema penal se halla condicionada
por sus propios factores humanos y contextuales que impactan en su valor probatorio.
La criminología ha puesto en evidencia que las decisiones judiciales no se dictan en
un vacío neutral, sino que se encuentran inmersas en contextos institucionales
particulares, donde existen presiones, expectativas y marcos culturales específicos.
En este sentido, el ADN forense puede operar como un factor que valida narrativas
cis-punitivas sobre el crimen y el acusado, en tanto aparece como evidencia
incuestionable (Dror et al., 2021).
Otro aspecto que se debe tener en cuenta es el rol del ADN forense en la prevención
y rectificación de errores judiciales. A pesar de que la evidencia genética ha tenido un
gran impacto en la exoneración de personas condenadas de manera errónea, la
literatura reciente enfatiza que estos casos no deberían ser indicativos de que el
sistema es infalible. En vez de ello, ponen en evidencia la necesidad de contar con
una interpretación rigurosa y crítica de la prueba genética, así como con mecanismos
institucionales que posibiliten la revisión de decisiones judiciales fundadas en
conocimiento científico (Saks et al., 2020).
En ese sentido, el ADN forense está construyendo su ambivalente papel en el sistema
de justicia penal como una herramienta que ayuda a fortalecer la búsqueda de la
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verdad y a permitir decisiones judiciales más informadas, pero que también puede
conducir a errores y a más desigualdades si se la emplea acríticamente o fuera de
contexto. Desde la criminología, tenemos un marco teórico importante para
empezar a analizar cómo la evidencia genética se inserta en procesos de poder,
legitimación y toma de decisiones que van más allá de lo puramente técnico (Edmond,
2021).
En consecuencia, el problema en la actualidad no es poner en duda la validez
científica del ADN forense sino fomentar en los tribunales una interpretación probatoria
más meditativa y equilibrada. Esto significa aceptar la naturaleza probabilista de la
evidencia genética, aumentar la capacitación de los operadores jurídicos y colocar el
ADN forense en una perspectiva que incluya el análisis del acto delictivo. Sólo a partir
de esta perspectiva será posible asegurar que la genética forense corra eficazmente
y en forma equitativa al encuentro de la administración de justicia penal. La
importancia que llega a adquirir el ADN forense en la toma de decisiones judiciales
hace necesario realizar un análisis crítico de los riesgos, sesgos y retos éticos al
utilizarlo en el sistema de justicia penal.
En este sentido, analizar el papel del ADN forense desde la criminología permite
advertir que su influencia en las decisiones judiciales va más allá de lo técnico, al
insertarse en dinámicas institucionales, culturales y cognitivas propias del sistema
penal.
3.5. El uso de ADN forense: los riesgos, sesgos y retos éticos
Si bien el ADN forense ha contribuido de manera significativa a la investigación
criminal y a la administración de justicia penal, su utilización también plantea riesgos
y desafíos que requieren un análisis crítico desde la criminología. Desde una mirada
criminológica no son estos riesgos tampoco el producto de mero error técnico o
metodológico, sino que se constituyen en dinámicas institucionales y en sesgos
humanos y dilemático-éticos propias del ejercicio del poder punitivo.
Uno de los principales desafíos asociados al uso del ADN forense se relaciona con la
posibilidad de que intervengan sesgos cognitivos en la interpretación de los
resultados. La literatura reciente ha revelado que incluso en disciplinas científicas muy
estandarizadas, tales como la genética forense, las decisiones humanas pueden estar
influenciadas por expectativas previas, información contextual irrelevante y/o
presiones institucionales (Dror et al., 2021). Tales sesgos pueden incidir en los
expertos y en los investigadores y operadores judiciales, condicionando la
interpretación de los resultados genéticos y la elaboración de las hipótesis de caso.
Desde el derecho penal, una confianza excesiva en el ADN forense puede reforzar lo
que la literatura ha denominado el “efecto de certeza científica”, en el que la evidencia
genética es percibida como incuestionable. Este tipo de comportamiento puede
provocar una disminución del análisis crítico privilegiando decisiones simplistas que
ocultan la realidad del crimen y del entorno en el que se realiza (Šaks et al., 2020).
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Desde este punto de vista, el ADN forense tiene que evitar reemplazar el raciocinio
judicial para convertirse en un medio que lo ayude a desarrollarse.
Otro aspecto problemático se vincula con los sesgos estructurales presentes en las
bases de datos genéticas forenses, cuya composición no siempre refleja a la
población general. Se ha informado que estas bases de datos no son representativas
de la población general, sino que reflejan patrones de violencia penal que afectan de
manera desproporcionada a determinados grupos sociales (Williams & Johnson,
2020; Toom, 2021). En este sentido, la utilización de ADN forense tiene potencial para
permitir la reproducción de desigualdades históricas dentro del sistema penal y
reafirmar procesos de estigmatización y vigilancia selectiva.
A lo anterior se añaden los dilemas éticos vinculados a la protección de la información
genética y al respeto de los derechos fundamentales de las personas. El ADN es una
información altamente sensible que va más allá de la identificación individual, y eso
genera cuestionamientos sobre cuáles son los límites legítimos para que el Estado la
almacene, utilice y conserve. La literatura reciente hace énfasis en la necesidad de
contar con marcos regulativos claros que permitan el acceso a los datos genéticos,
prevenir su mal uso y asegurar mecanismos de control y accountability (Machado &
Silva, 2021). Igualmente, como desde una criminología crítica es necesario interrogar
la progresiva extensión del uso de ADN forense sin que a ello se acompañe una
reflexión de sus consecuencias sociales. La homogenización de los patrones de
vigilancia genética puede conllevar a la aceptación acrítica de modalidades cada vez
más invasivas de control penal, de forma parecida a lo que sucede con el argumento
de la eficiéncia y la seguridad. Está situación nos plantea un doble desafío: balancear
la utilidad del ADN forense con los princpios de proporcionalidad, de legalidad y de
respeto a la dignidad humana.
Desde esta perspectiva, abordar los riesgos y desafíos éticos del ADN forense implica
reconocer que su aplicación no se produce en un vacío neutral, sino dentro de
sistemas penales atravesados por relaciones de poder, decisiones institucionales y
contextos sociales específicos. Esta comprensión resulta fundamental para orientar
un uso de la evidencia genética que sea técnicamente riguroso, pero también
socialmente responsable (Prainsack & Toom, 2020).
4. Discusión
La revisión que se ha hecho en este artículo pone de manifiesto que la genética (ADN)
forense es una herramienta científica muy potente aplicada a la investigación criminal
y a la justicia penal, y que el resultado de éste depende fuertemente de la forma en
que es adoptado, entendido y aplicado en los sistemas penales. Desde la
criminología, resulta insuficiente restringir la discusión a la validez técnica del análisis
genético, sino que el principal reto es propiciar el uso responsable del ADN forense
que reconozca sus posibilidades, limitaciones e implicaciones sociales.
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En este sentido, una primera línea de acción es fortalecer la integración del ADN
forense en un enfoque interdisciplinario de investigación del delito. La genética no
debe funcionar de manera aislada ni erigirse como dominante sobre otras evidencias,
sino que debe ser considerada en un marco global que incluya aspectos
criminológicos, contextuales y conductuales. Esta integración previene posturas
reduccionistas y promueve una reconstrucción más acabada y equilibrada del hecho
criminal (Estrada-Ayre & Porras-Sarmiento, 2025).
Desde la visión criminológica también es fundamental promover la formación crítica
de los operadores del sistema penal, y en especial de jueces, fiscales e
investigadores. La razón por la cual la comprensión de la naturaleza probabilística del
ADN forense, así como sus límites de incertidumbre, es indispensable para realizar
una adecuada valoración probatoria. La formación no debe restringirse a aspectos
técnicos, sino que debe también contemplar reflexiones sobre sesgos cognitivos, toma
de decisiones y consecuencias sociales del uso de la evidencia genética.
Otra dimensión importante de una criminología responsable tiene que ver con el
control y uso de los bancos genéticos forenses. Se requieren criterios claros y
proporcionales respecto a la inclusión prueba, retención y eliminación de perfiles
genéticos, y se deberán evitar masas de retención que pudieran vulnerar derechos
fundamentales. Desde la criminología crítica, se sugiere que estas bases de datos
sean objeto de un monitoreo permanente, con la finalidad de evitar que se
reproduzcan sesgos estructurales y se fortalezca la reproducción de desigualdades
dentro del sistema penal (Samaniego-Quiguiri et al., 2024).
Lo anterior, también es indispensable para incentivar estándares de transparencia y
comunicación estrictos en la exposición de la evidencia genética. Los informes
forenses deben aclarar las limitaciones, supuestos y probabilidades asociados con los
resultados del ADN y no escribir o hablar en términos que son categóricos que podrían
llevar a ir en contra de interpretaciones erróneas. Esta transparencia lleva a que se
adopten decisiones más informadas en la judicatura y limita la posibilidad de
sobrevaloración de la prueba genética (Bonilla Alarcón et al., 2025).
Desde una perspectiva ética, una criminología para la aplicación responsable del ADN
forense debe situar la protección de la dignidad humana y de los derechos
fundamentales en el centro. Esto requeriría limitarse estrictamente el alcance del
análisis genético, proteger la información personal y prevenir usos secundarios
indebidos. La eficacia en la investigación del delito no debe prevalecer sobre
principios tales como el de proporcionalidad, legalidad y otras consideraciones que
atañen a la privacidad (Samaniego-Quiguiri, 2023).
Por último, la criminología señala la necesidad de introducir mecanismos de
evaluación y control sobre el impacto real que tiene/puede tener el ADN forense sobre
la investigación criminal y las CC.PP.. El estudio sistemático de casos la identificación
de buenas prácticas, y el análisis de errores retro alimentan el sistema y orientan
sobre como adecuar el empleo de la genética forense a principios de justicia y
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racionalidad penal. En tanto, se debería entender al ADN forense como un
instrumento dinámico a evaluar continuamente a través de una mirada crítica y no
como una respuesta definitiva o inmutable.
En definitiva, esta criminológica pretende ser una aportación para un aprovechamiento
del ADN forense que sea científicamente sólido, jurídicamente equilibrado y
socialmente responsable. Responder al potencial de la genética forense, sin
desconocer sus peligros, es un paso necesario para fortalecer la legitimidad de la
investigación criminal y para una mejor administración de la justicia penal más justa,
consciente y respetuosa de los derechos humanos.
5. Conclusiones
El análisis desarrollado a lo largo de este artículo permite afirmar que la genética
forense ocupa hoy un lugar central en la investigación criminal y en la justicia penal,
aunque su impacto no puede comprenderse únicamente desde una perspectiva
técnica. El ADN forense ha revolucionado tanto las técnicas para identificar como
para reconstruir un crimen, suministrando un elevado nivel de exactitud técnica y
ayudando a resolver delitos complicados. Sin embargo, una mayor centralidad en
estos sistemas también implica nuevas tensiones y retos que deben ser pensadas
críticamente desde la criminología.
Uno de los principales aportes de este trabajo radica en mostrar que el ADN forense
no constituye una prueba neutral ni autosuficiente, sino una evidencia cuyo valor está
condicionado por procesos de interpretación, decisiones humanas y contextos
institucionales específicos.
Asimismo, el estudio pone de relieve que el uso del ADN forense conlleva riesgos
vinculados a sesgos cognitivos, desigualdades estructurales y dilemas éticos
relacionados con la privacidad genética y los derechos humanos, aspectos que no
pueden ser ignorados en la práctica penal contemporánea. Tales dificultades no
desalientan la utilidad de la genética forense, pero señalan una necesidad de
anclarla en un andamiaje de regulación, transparencia y responsabilidad. Bajo este
prisma, la criminología brinda herramientas conceptuales claves para analizar la
manera en que los datos genéticos se entrelazan con dinámicas de poder, vigilancia
y toma de decisiones en el sistema de justicia penal.
Abordar la genética forense desde una perspectiva criminológica crítica no implica
cuestionar su validez científica, sino reconocer la necesidad de un uso más reflexivo,
equilibrado y responsable del ADN forense en la investigación criminal y en la
administración de justicia penal.
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CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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