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Revista Científica Zambos / Vol. 05 / Num. 02/ www. revistaczambos.utelvtsd.edu.ec
son simplemente una forma de comunicación neutral, sino una práctica social
profundamente arraigada a estructuras de dominación, desigualdad e ideología. El
lenguaje ejerce estructuras de dominación, pero también sirve como un sistema de
resistencia frente a ellas, en el caso de los productos culturales, como la música o
producciones audiovisuales, el discurso nos ayuda a entender los significados con los
que estos se crean, exponiendo ideologías y valores.
Dentro del campo de los estudios culturales en América, Martín-Barbero (1978),
resalta que los mensajes que vemos en los medios adquieren un significado tras las
experiencias sociales y los contextos culturales en los que se interpretan, dado que
crean narrativas y representaciones culturales que influyen en la manera de pensar
de las personas. Por ello, la música se puede entender como una herramienta de
expresión cultural.
Rincón (2006) argumenta que la cultura mediática contemporánea reproduce
narrativas que fomentan imaginarios sociales sobre poder y autoridad, por lo cual la
comunicación no solo reproduce contenidos, sino transmite formas de interpretar la
realidad y maneras de pensar, los medios participan activamente en la construcción
de significados sociales. Por tal motivo, los medios de comunicación crean narrativas
combinando elementos culturales y simbólicos.
Resulta interesante introducir el concepto de “artivismo” para comprender como las
expresiones artísticas no solo son formas de expresión, sino también son
consideradas como herramientas de intervención social y política, con la fusión de arte
y activismo podemos emplear lenguajes artísticos para visibilizar problemáticas
sociales. Gutiérrez-Rubí (2021), argumenta que el artivismo a diferencia de los
discursos tradicionales, emplea recursos simbólicos y emocionales de la
comunicación para conectar profundamente con las audiencias, buscando un cambio
de conciencia y un llamado a la acción. Las manifestaciones culturales como la música
son espacios donde se articulan mensajes críticos frente al sistema de control y
dominación al que muchas veces estamos sometidos sin darnos cuenta, viviendo bajo
un sutil control. Bajo esta perspectiva, los productos culturales no solo son
expresiones emocionales o estéticas, siempre pueden construirse como una forma de
resistencia que cuestión el orden establecido.
Diversas investigaciones han contribuido a la relación de los productos culturales y la
crítica social, representaciones sociales, donde se puede destacar a la música como
un discurso social. Por ejemplo, Frith (1996), señala que el rock históricamente ha sido
una de las expresiones culturales más representativas de la crítica social, siendo un
canal para las demandas e inconformidades de los colectivos. Inclusive,
investigaciones como la de Giroux (1992) enfatizan la importancia de utilizar la música
como una pedagogía cultural que cuestiona las formas de autoridad tradicionales,
poniendo alternativas de pensamiento crítico.
La banda británica Pink Floyd ha sido representativa por la creación de música con un
estilo experimental y psicodélico, teniendo en cuenta una fuerte crítica social hacia los