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Revista Científica Zambos
ISSN: 3028-8843
Vol. 5 - Núm. 3 / Septiembre – Diciembre 2026
Revista Científica Zambos / Vol. 05 / Num. 03/ www. revistaczambos.utelvtsd.edu.ec
Percepción del Arbolado Urbano en Ciudades
Intermedias del Sur Global: Una revisión crítica desde
el Buen Vivir
Perception of Urban Trees in Intermediate Cities of the Global South:
A Critical Review from the Perspective of Buen Vivir
Carvajal-Benavides, José Gabriel
1
Delgado-Morales, Luz Argelis
2
https://orcid.org/0000-0001-9920-4991
https://orcid.org/0009-0001-2707-9236
jgcarvajalb@utn.edu.ec
luza.delgadom@gmail.com
Ecuador, Ibarra, Universidad Técnica del Norte
Venezuela, Guayana, Universidad Nacional
Experimental de Guayana
Figueroa, Juana
3
https://orcid.org/0009-0002-1139-9945
jfigueroa@e.uneg.edu.ve
Venezuela, Guayana, Universidad Nacional
Experimental de Guayana
Autor de correspondencia
1
DOI / URL: https://doi.org/10.69484/rcz/v5/n3/214
Resumen: El arbolado urbano provee servicios
ecosistémicos, resiliencia climática y bienestar
psicosocial; sin embargo, persiste una fractura entre su
valoración técnica y la percepción comunitaria,
especialmente en ciudades intermedias del Sur Global.
Esta revisión sistemática examina la desconexión
socioecológica, el Trastorno por Déficit de Naturaleza
(TDN) -formulado por Louv (2005), ausente del DSM-5
y la CIE-11- y el Buen Vivir como marco de biocracia
para la gobernanza verde. Siguiendo los lineamientos
PRISMA 2020, se consultaron Scopus, Web of Science,
SciELO, Redalyc y PubMed (2010-2024); 63 estudios
cumplieron los criterios de inclusión. El hallazgo más
significativo revela que el 86% de la evidencia proviene
del Norte Global. En el Sur, el 78% de la percepción
negativa obedece a diservicios no gestionados y baja
alfabetización ecológica; el TDN amplifica la intolerancia
hacia la infraestructura verde hasta en un 40%. Se
identifican lagunas empíricas sobre el Buen Vivir,
configurando una agenda de investigación andina
transdisciplinaria.
Palabras clave: desconexión socioecológica; déficit de
naturaleza; Buen Vivir
Research Article
Recibido: 31/May/2026
Aceptado: 26/Jun/2026
Publicado: 30/Sep/2026
Cita: Carvajal-Benavides, J. G.,
Delgado-Morales, L. A., & Figueroa, J.
(2026). Percepción del Arbolado
Urbano en Ciudades Intermedias del
Sur Global: Una revisión crítica desde
el Buen Vivir. Revista Científica
Zambos, 5(3), 87-109.
https://doi.org/10.69484/rcz/v5/n3/214
Ecuador, Santo Domingo, La
Concordia
Universidad Técnica Luis Vargas
Torres de Esmeraldas – Sede Santo
Domingo
Revista Científica Zambos (RCZ)
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Abstract:
Urban trees provide ecosystem services, climate resilience, and psychosocial well-
being; however, a persistent gap remains between technical valuations and community
perceptions, particularly in intermediate cities of the Global South. This systematic
review examines socio-ecological disconnection, Nature Deficit Disorder (NDD) -
coined by Louv (2005) and absent from the DSM-5 and ICD-11- and Buen Vivir as a
biocratic framework for green governance. Following PRISMA 2020 guidelines,
Scopus, Web of Science, SciELO, Redalyc, and PubMed were searched (2010–2024);
63 studies met the inclusion criteria. The most significant finding reveals that 86% of
available evidence originates from the Global North. In the Global South, 78% of
negative perceptions stem from unmanaged disservices and low ecological literacy;
NDD amplifies intolerance toward green infrastructure by up to 40%. Empirical gaps
on Buen Vivir are identified, outlining a transdisciplinary Andean research agenda.
Keywords: socioecological disconnection; nature deficit; Buen Vivir.
1. Introducción
El siglo XXI se define por procesos de urbanización expansivos con celeridad.
Proyecciones de Naciones Unidas para 2050, aproximadamente el 68% de la
población mundial residirá en áreas urbanas (United Nations, 2019). En este marco,
las ciudades intermedias - entre 100.000 y 500.000 habitantes. la FAO (2022) advierte
que la urbanización acelerada sin planificación genera ciudades con déficit en
cobertura arbórea, especialmente en países de ingresos bajos y medios, donde los
beneficios del arbolado urbano - regulación térmica, filtración de contaminantes y
mejora de la salud mental - son menos accesibles precisamente para las poblaciones
más vulnerables, constituyen los frentes más activos de expansión territorial y
transformación del uso del suelo (Vélez-Guerrero et al., 2026), frecuentemente sin la
capacidad institucional, financiera o técnica para planificar adecuadamente su
infraestructura verde (Nagendra et al., 2018; Inostroza et al., 2022).
El arbolado urbano se ha convertido en un elemento irrenunciable dentro de la agenda
científica y política de las ciudades contemporáneas. Y no es casualidad: la literatura
documenta con solidez su contribución a la regulación térmica, la mitigación de
inundaciones, la captura de carbono, la filtración de material particulado, la
restauración de la salud mental y la cohesión social (Bertram & Rehdanz, 2015;
Bratman et al., 2019). Pero persiste una paradoja estructural que resulta difícil de
ignorar: mientras la comunidad científica y las agendas multilaterales impulsan la
expansión del dosel arbóreo, la percepción comunitaria es frecuentemente hostil,
derivando en solicitudes de tala, conflictos socioterritoriales y el fracaso sistemático
de proyectos de reforestación diseñados verticalmente, sin participación real
(Shackleton et al., 2021; Escobedo et al., 2023).
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La divergencia epistémica no es un fenómeno accidental. Un creciente cuerpo de
investigación muestra que las percepciones negativas de los árboles urbanos son
manifestaciones de una crisis más profunda: la desconexión socioecológica, la
prevalencia de TDN (explicada en su dimensión heurística) y la erosión de la identidad
biocultural en poblaciones que han perdido la conexión emocional, sensorial y
simbólica con la naturaleza (Soga & Gaston, 2020; Louv, 2005; Folke et al., 2016).
Estos resuenan con la historia más amplia: la naturaleza colonial del conocimiento
ambiental, la influencia de las estructuras urbanas extractivistas y la eliminación
deliberada de las formas de ser indígenas en la planificación territorial.
Esto no es retórica decolonial: es la realidad urbana en concreto. Ibarra, misma que
constituye la capital de Imbabura, alrededor de 220,000 habitantes (Instituto Nacional
de Estadística y Censos [INEC], 2023). Históricamente en medio de sistemas
agroforestales Kichwa y paisajes andinos de alta diversidad biológica - aldeas como
Agato en la misma provincia aún tienen conocimiento biocultural sobre el territorio que
la planificación municipal ni registra ni consulta (Gobierno Autónomo Descentralizado
Municipal de San Miguel de Ibarra, 2021). La urbanización avanza y fragmenta dos
cosas simultáneamente: la cobertura vegetal y la identidad cultural. Los números son
claros - 2.3 m² por habitante en comparación con los 9 m² recomendados por la OMS.
Las rutas están dominadas por especies exóticas. La percepción ciudadana, según
Herrera-Feijoo (2024), oscila entre un aire de indiferencia y rechazo abierto. Ecuador
cuenta con recursos propios para abordar este debate. Ningún otro marco legal ha
llegado tan lejos como la Constitución de 2008 que consagra el Buen Vivir (Sumak
Kawsay) como un principio orientador y reconoce a la Pachamama como sujeto de
derechos en los artículos 71-74 (Constitución de la República del Ecuador, 2008).
El Buen Vivir no es un diseño retórico ornamental: es un modelo para abordar una
ontología relacional que abarca una perspectiva epistemológica kichwa que postula
que el bienestar humano y el equilibrio ecológico no son dos variables separadas para
equilibrar, sino que son una y la misma (Acosta, 2012; Gudynas, 2021). Existe un
vacío en la literatura internacional que articula estas dimensiones desde una
perspectiva decolonial y situada en los Andes, la relación entre la desconexión socio-
ecológica, TDN, y las percepciones negativas hacia los árboles urbanos en ciudades
intermedias del Sur Global. Es la brecha que esta revisión busca llenar. Tampoco hay
una que proporcione el Buen Vivir como un modelo para la gobernanza de los bosques
urbanos. La presente revisión crítica sistemática recoge la problemática y contribuye
con aportes para mejorar la gestión biocrática local.
Objetivos de la revisión
(1) Sintetizar la evidencia sobre la tipología y los determinantes de la percepción
negativa del arbolado urbano, con énfasis en ciudades intermedias del Sur Global. (2)
Analizar el nexo teórico entre desconexión socioecológica, TDN y la percepción
negativa del arbolado en contextos urbanos andinos. (3) Examinar el Buen Vivir como
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paradigma alternativo para la gobernanza forestal biocultural urbana. (4) Identificar
brechas de conocimiento y proponer una agenda de investigación transdisciplinaria.
Marco teórico-conceptual
Sistemas socioecológicos y la desconexión urbana
El marco de los Sistemas Socioecológicos (SSE), desarrollado por Ostrom (2009) y
profundizado por Berkes y Folke, conceptualiza los componentes sociales,
institucionales y ecológicos como entidades co-evolutivas entrelazadas en bucles de
retroalimentación adaptativa (Berkes et al., 2002). Desde esta perspectiva, la
desconexión socioecológica urbana emerge cuando los procesos de urbanización
acelerada fracturan esos vínculos recíprocos que, de hecho, sostienen la resiliencia
de los territorios (Folke et al., 2016; Soga & Gaston, 2020).
Esto no es solo una desconexión en lo material, sin embargo. Folke et al. (2016)
advierten que esta desconexión también es simbólica y afectiva: erosiona el
conocimiento ecológico tradicional, desactiva la gobernanza territorial comunitaria y
desmantela las prácticas de cuidado del paisaje. Este fenómeno se entrecruza durante
siglos en contextos latinoamericanos con legados coloniales que impusieron modelos
extractivistas y sistemáticamente devaluaron las cosmologías indígenas (Ordóñez-
Barona et al., 2022; Gudynas, 2021). A esto se suma la teoría de la "extinción de la
experiencia", propuesta por Pyle (2003) y reelaborada por Soga y Gaston (2016,
2020). A medida que los espacios verdes se reducen, el contacto directo con la
naturaleza disminuye, debilitando la conectividad emocional con los ecosistemas y
reduciendo progresivamente la voluntad ciudadana de defender la cobertura verde,
en un ciclo que se retroalimenta de forma autónoma.
Trastorno por déficit de naturaleza (TDN): Operacionalización y evidencia
El concepto de Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN) fue formulado por Richard
Louv (2005) en su obra seminal Last Child in the Woods para describir el espectro de
consecuencias conductuales, psicológicas y relacionales derivadas de la reclusión
crónica de los seres humanos en entornos artificiales. Es importante aclarar que el
TDN no constituye un diagnóstico clínico reconocido en el DSM-5 ni en la clasificación
ICD-11; se trata de un concepto con alto valor heurístico que ha generado un cuerpo
de investigación empírica en ecopsicología, epidemiología ambiental, pediatría y
urbanismo (Soga & Gaston, 2020; Bratman et al., 2019).
A largo plazo, como resultado de la privación de estímulos naturales, las personas
enfrentan implicaciones graves y bien documentadas. Tal privación está implicada por
evidencia científica en la obesidad infantil, el estrés fisiológico crónico, la ansiedad, la
depresión y los trastornos de atención (Bratman et al., 2019). Si un niño nunca tiene
contacto regular con el entorno natural, como es el caso de un niño que no crece
regularmente bajo árboles, suelo u organismos vivos, el niño eventualmente pierde su
capacidad de regulación emocional, atención sostenida y tolerancia a lo impredecible.
Estas no son asociaciones débiles o estudios aislados.
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En el terreno específico del arbolado urbano, esto se traduce en algo concreto:
quienes tienen bajo índice de conectividad con la naturaleza perciben con mayor
intensidad los diservicios de los árboles y, en paralelo, subvaloran los servicios
ecosistémicos que no producen un beneficio tangible e inmediato (Shackleton et al.,
2021; Conway & Yip, 2016). La percepción de beneficios tangibles e inmediatos -como
la sombra- supera ampliamente la valoración de servicios difusos como la captura de
carbono. Y esa asimetría perceptual tiene consecuencias directas sobre la
gobernanza del arbolado urbano.
Beneficios de los espacios verdes para la salud pública
La evidencia epidemiológica y espacial señala que el impacto de los espacios verdes
urbanos en la salud pública depende fundamentalmente de su tipología y diseño
(Ngom et al., 2016). Específicamente, la proximidad a áreas verdes equipadas con
instalaciones deportivas se asocia de manera significativa con una menor prevalencia
de enfermedades cerebrovasculares y diabetes. Esto demuestra que las funciones
sociales y recreativas de estos espacios, las cuales logran fomentar la actividad física
vigorosa, pueden resultar más determinantes para la prevención de la morbilidad
cardiovascular que los servicios ecológicos derivados de la simple presencia de
vegetación (Ngom et al., 2016). Una comprensión integral de los servicios y diservicios
ecosistémicos exige incorporar la diversidad de valores que las comunidades asignan
a la naturaleza, incluyendo dimensiones culturales y de justicia intergeneracional
(Pascual et al., 2023).
Diservicios del arbolado urbano: Entre la realidad objetiva y la amplificación perceptual
El marco de servicios ecosistémicos ha sido criticado por obscurecer la realidad de
que los árboles producen simultáneamente diservicios: daños a infraestructura vial y
domiciliaria por raíces o ramas, producción de alérgenos, caída de frutos, obstrucción
de alcantarillado, sombra excesiva y facilitación de plagas (Shackleton et al., 2021;
Escobedo et al., 2023). La idea de que a todos les encantan los árboles no es ingenua,
es un fracaso de gobernanza. Roman et al. (2021) atestiguan esto: esa historia bien
intencionada deja de lado las voces legítimas de aquellos que viven más cerca de los
perjuicios y más lejos de los beneficios. Moradores del barrio periférico denuncian que
las raíces rompen el pavimento frente a su casa no está equivocado cuando se queja.
En su respuesta, está hablando desde su percepción y vivencia a una realidad tangible
que la planificación urbana rara vez reconoce.
Como señalaron Shackleton et al. (2021), los árboles urbanos también pueden causar
daños en las raíces, producción de alérgenos, caída de frutos y sombra excesiva sobre
locales comerciales. Su peso perceptual se vuelve especialmente significativo cuando
se yuxtapone con una alta desconexión socioecológica, una alfabetización ecológica
limitada y una falta de identidad biocultural con los árboles (Shackleton et al., 2021;
Larson et al., 2016). Esta asimetría refleja una fractura más fundamental: la conexión
epistemológica y afectiva que las comunidades urbanas han construido, o no han
construido, con los árboles.
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Bioalteridad urbana y arquetipos artificializados
El concepto de bioalteridad, elaborado por Gudynas (2021), designa el reconocimiento
ético y político del otro biológico - el otro que humano dentro de redes de coexistencia
ecológica. Los arquetipos urbanos artificializados -calles sin vegetación, edificios de
fachadas homogéneas, plazas de concreto- reproducen un paisaje que activamente
niega la alteridad biológica, normalizando la ausencia de lo vivo y generando lo que
Derkzen et al. (2015) denominan "pobreza verde simbólica", esta constatación
refuerza la urgencia de reconfigurar la gobernanza urbana desde una ontología
relacional que el Buen Vivir ya anticipa, la incapacidad de imaginar y desear un
entorno urbano más vivo y habitado por otras especies. Los actores no humanos,
como los árboles urbanos, también ejercen agencia en los sistemas socioecológicos
(Latour, 2021). La cuantificación de los servicios que proveen requiere datos de alta
resolución sobre cobertura vegetal (Derkzen et al., 2015).
El Buen vivir como marco ético, jurídico y biocultural
El Buen Vivir -Sumak Kawsay en kichwa, Suma Qamaña en aymara- no es
simplemente un concepto académico (Guerrero-Calero et al., 2026). Es una propuesta
filosófico-política enraizada en las cosmologías andinas que articula modos de vida
basados en la reciprocidad, la relacionalidad, la complementariedad y el equilibrio con
la naturaleza (Acosta, 2012; Gudynas, 2021). La Constitución ecuatoriana de 2008 fue
la primera en el mundo en reconocer a la Pachamama como sujeto de derechos -
artículos 71 a 74- y en anclar el Buen Vivir como eje transversal de las políticas
públicas (Constitución de la República del Ecuador, 2008), siendo el primer
ordenamiento constitucional en reconocer ese mandato. Y esa singularidad jurídica, a
diecisiete años de distancia, sigue en pie - aunque su traducción en gobernanza
territorial siga siendo materia pendiente.
Esta revisión incorpora además los aportes de la Ecología Humana o Personalista y
de la Ecología Integral (Francisco, 2015): dos marcos que operan como puente entre
la ética ambiental y la planificación territorial. Repensar la naturaleza exige algo previo
- reformular la visión que tenemos del ser humano. La ecología humana no es
meramente una disciplina. Esto, como señaló Valera (2019), es un desafío
epistemológico que obliga a la articulación de la filosofía y las ciencias ambientales.
Como afirma claramente el autor: fundamentalmente, la ecología es antropología
(Valera, 2020). Como resultado, la solución a la crisis ecológica ahora implica
descartar tanto el antropocentrismo tecnocrático como el biocentrismo radical, y en su
lugar reconocer la singularidad moral del ser humano en su vínculo inseparable con
el entorno vivo. Y estos tres paradigmas también se fusionan en el Buen Vivir. Ofrecen
una crítica al modelo occidental de civilización y sugieren una alternativa relacional
para la gobernanza forestal urbana andina.
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La ecología personalista sostiene que la búsqueda del cuidado adecuado de la
naturaleza debe basarse en las obligaciones morales del ser humano como custodio
del entorno vivo, una posición que el Buen Vivir acepta desde una segunda tradición,
desde un nuevo lenguaje, pero desde el mismo horizonte: la interdependencia moral
entre el sujeto humano y los ecosistemas que habitan (Bellver, 2021). Abordar las
limitaciones teóricas de ambos extremos no es un simple desafío académico. Es una
condición de posibilidad para una gobernanza verde urbana basada en la ecología y
culturalmente legítima. No es solo un problema técnico: superar la dicotomía en la
dominación de los ecosistemas urbanos no es fácil. Es, principalmente, un dilema
ético. Para ver el sistema socio-ecológico como un todo indivisible, necesitamos un
enfoque holístico ético/relacional que tenga en cuenta que no solo importa la cobertura
arbórea, sino también el carácter moral de la relación de una comunidad con su
entorno vivo. Según Figueroa (2025), integrar la ecología humana implica un cambio
en el paradigma ético, que la sostenibilidad no puede evitar sin convertirse en mera
retórica.
Corresponsabilidad, dignidad humana, convivencia con la Pachamama, no como
metáforas sino como categorías operativas. Sin esta base conceptual, lo que alguien
diga sobre la bio-otredad termina flotando en el vacío. Por eso se construyó una
estrategia sistemática de búsqueda bibliográfica para mapear cómo la desconexión
socio-ecológica, TDN y el Buen Vivir han sido abordados en la literatura
contemporánea. El proceso - detallado en la sección siguiente - cruzó descriptores
clave en Scopus y WoS, complementados con SciELO y Redalyc para no perder la
producción regional: la que más importa cuando el territorio en cuestión es andino.
Este puente metodológico permite, precisamente, transitar de la teoría al análisis de
la evidencia empírica disponible para las ciudades intermedias del Sur Global.
2. Metodología
Protocolo PRISMA 2020
Área de estudio
El área de estudio corresponde a las parroquias urbanas del cantón Ibarra, capital de
la provincia de Imbabura, localizada en la sierra norte del Ecuador (Figura 1). Ibarra
se emplaza a una altitud media de 2.225 m s. n. m., en las coordenadas 0°21'N y
78°07'O, dentro de la cuenca hidrográfica del río Tahuando, en la zona de transición
entre los valles interandinos y los páramos del sistema montañoso de los Andes
septentrionales. Con una población urbana de aproximadamente 220.000 habitantes
(INEC, 2023), constituye una ciudad intermedia en el sentido demográfico y funcional
del término - entre 100.000 y 500.000 habitantes - categoría que concentra los frentes
más activos de expansión territorial en el Sur Global (Nagendra et al., 2018). El cantón
comprende cinco parroquias urbanas: El Sagrario, San Francisco, Caranqui,
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Alpachaca y Priorato, cuya delimitación espacial se presenta en la Figura 1, elaborada
bajo proyección UTM WGS 84 Zona 17 Sur, escala 1:45.000.
La cuantificación de los servicios ecosistémicos urbanos requiere datos de alta
resolución sobre la cobertura vegetal y su distribución espacial en la ciudad (Derkzen
et al., 2015). El contexto territorial de Ibarra se caracteriza por una cobertura arbórea
urbana deficitaria - 2,3 m²/habitante, muy por debajo del estándar mínimo de 9 m²
recomendado por la OMS -, predominio de especies exóticas en el arbolado viario y
una creciente fragmentación de los sistemas agroforestales kichwas periurbanos,
factores que configuran el escenario socioecológico específico que justifica esta
revisión crítica (Herrera-Feijoo, 2024; Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal
de San Miguel de Ibarra, 2021).
Figura 1
Parroquias urbanas de Ibarra, provincia de Imbabura, Ecuador. Proyección UTM WGS
84 Zona 17 Sur. Escala 1:45.000
Nota: (Autores, 2026).
Diseño y enfoque metodológico
Este diseño de investigación se describe a continuación como una revisión sistemática
crítica con síntesis narrativa y análisis crítico-discursivo (Fairclough, 2015; Dryzek,
2021). El protocolo se basa en las directrices PRISMA 2020 (Page et al., 2021), un
estándar reconocido por las principales revistas de Scopus y WoS en el campo de la
ecología urbana, la silvicultura y la planificación ambiental. El flujo de selección y
discriminación de estudios se presenta en la Figura 2.
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Figura 2
Diagrama de flujo PRISMA 2020: proceso de identificación, selección e inclusión de
estudios
Nota: (Autores, 2026).
Estrategia de búsqueda bibliográfica
La búsqueda sistemática se ejecutó en Scopus, Web of Science (WoS),
ScienceDirect, PubMed/NCBI, SciELO, Redalyc, Latindex y DOAJ, durante enero
2010-diciembre 2024. Los descriptores incluyeron: "urban tree perception", "negative
attitude urban trees", "urban disservices", "socioecological disconnection", "nature
deficit disorder urban", "Buen Vivir urban forestry", "arbolado urbano percepción
Ecuador" y "intermediate cities Global South green infrastructure". Se utilizaron
operadores booleanos AND/OR y filtros por tipo de documento, idioma y acceso.
Como limitación metodológica, el 86% de los estudios de alta citación provienen de
bases de datos del Norte Global (Scopus, WoS). Este sesgo geográfico debilita la
representatividad de una revisión que se propone hablar desde y para el Sur Global;
su reconocimiento explícito constituye un hallazgo en sí mismo.
Criterios de selección
Los criterios de inclusión fueron los siguientes: artículos científicos publicados en
Scopus o WoS entre 2010 y 2024; estudios sobre percepción comunitaria del arbolado
o espacios verdes urbanos; investigaciones sobre desconexión socioecológica, TDN,
biofilia o Buen Vivir en contextos urbanos; y estudios situados en América Latina,
África, Asia o con relevancia comparativa para el Sur Global. Se excluyeron la
literatura gris, los estudios puramente dasométricos sin dimensión social y los
enfoques exclusivos del Norte Global sin pertinencia comparativa. Límites
deliberados, no arbitrarios: la revisión necesitaba hablar desde los territorios donde el
problema es más urgente, no desde los que más publican.
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Tabla 1
Síntesis metodológica PRISMA 2020: bases de datos consultadas y estudios
seleccionados
Base de Datos
Registros
Identificados
Estudios
Incluidos
Enfoque Temático Principal
Scopus
1.842
24
Silvicultura urbana, percepción
comunitaria, ecopsicología
Web of Science
(WoS)
1.234
18
SSE, TDN, biofilia, gobernanza verde
ScienceDirect
756
8
Servicios ecosistémicos, diservicios,
bienestar
SciELO / Redalyc /
Latindex
312
6
Arbolado urbano América Latina,
participación ciudadana
PubMed / PMC
198
4
Salud ambiental, ecopsicología clínica
Google Scholar
(complementario)
N/A
3*
Buen Vivir, derechos de la naturaleza
(textos fundacionales)
TOTAL
4.342
63
-
Nota: Textos fundacionales incluidos como anclas teóricas (Louv, 2005; Acosta, 2012; Gudynas, 2021)
(Autores, 2026).
3. Resultados
3.1. Análisis bibliométrico y cualitativo del corpus seleccionado
La revisión sistemática de los 63 estudios incluidos bajo el protocolo PRISMA revela
patrones bibliométricos y metodológicos que explican el estado actual del
conocimiento sobre la percepción del arbolado urbano. El 74% de los artículos
seleccionados tenían un período de reporte entre 2019 y 2024. Estos hallazgos
demuestran un cambio en el campo científico hacia los dominios psicosociales de la
infraestructura verde, que en gran medida han sido descuidados o relegados al
estatus de un constructo suplementario. No obstante, notablemente el cambio
temático no está exento de sesgos geográficos y metodológicos. La geografía del
corpus es preocupante.
El 86 por ciento de los estudios más citados proporcionan evidencia empírica del Norte
Global: América del Norte, Europa Occidental, China. Específicamente, América
Latina representa solo el 9.5% del corpus y se encuentra casi exclusivamente en
megaciudades como Bogotá, São Paulo o Santiago. La literatura prácticamente
excluye a las ciudades intermedias andinas de rápido crecimiento, incluyendo Ibarra.
La descomposición de los métodos revela otro defecto. El 68% utiliza encuestas
estructuradas, SIG o valoración contingente en los estudios.
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A nivel temático, el corpus se divide en tres grupos: servicios y deservicios
ecosistémicos (34%), impacto psicosocial y TDN (41%), y justicia ambiental en la
distribución del dosel arbóreo (25%).
3.2. Tipología y determinantes de la percepción negativa del arbolado urbano
La síntesis de los 63 estudios incluidos permite caracterizar cuatro grandes tipologías
de percepción negativa del arbolado urbano: (i) percepción funcional-utilitarista
negativa, centrada en diservicios concretos; (ii) percepción de inseguridad y riesgo;
(iii) percepción estética de desorden y suciedad; y (iv) indiferencia ecológica como
forma pasiva de rechazo. Estas tipologías frecuentemente se superponen en
individuos con alta desconexión socioecológica.
Basado en el estudio de dos parques centrales en Ibarra, el 33.6% de los árboles
están registrados registran plagas o enfermedades, el 40.3% muestran daños por
desgarros y desmembramiento de ramas debido a la acción antrópica y bioclimática,
y el efecto objetivo - riesgo de daño a personas o infraestructura - es moderado o alto
en el 42.9% de los individuos (Herrera-Feijoo, 2024). Además, el 58% tiene un estado
fitosanitario con algún riesgo, y los árboles urbanos públicos mal gestionados tienen
una baja cultura de silvicultura urbana.
3.3. Evidencia comparada en ciudades intermedias del Sur Global
La revisión sistemática identificó una brecha significativa: la mayoría de los estudios
de alta citación se sitúan en megaciudades o en ciudades del Norte Global. Las
ciudades intermedias del Sur Global están subrepresentadas, pese a ser el locus
principal del crecimiento urbano contemporáneo (Nagendra et al., 2018). La Tabla 2
sistematiza los casos comparativos de mayor relevancia. Los corredores verdes de
Medellín representan un modelo de infraestructura verde urbana que integra servicios
ecosistémicos en la red vial y fluvial de la ciudad (Fernández & Restrepo, 2022).
Los corredores verdes urbanos de Medellín demostraron que la integración de
gobernanza participativa en la gestión del arbolado incrementó la cobertura forestal
en un 37% y redujo los conflictos vecinos relacionados con deservicios, consolidando
un modelo replicable para ciudades intermedias andinas (Ordóñez-Barona et al.,
2022).
Tabla 2
Casos comparativos de percepción del arbolado urbano en ciudades intermedias del
Sur Global y América Latina
Ciudad
País /
Región
Problema
Principal
Estrategia
Implementada
Resultado
Fuente
Medellín
Colombia
Percepción
negativa y
conflictos con
arbolado
Corredores verdes
y gobernanza
participativa
Mejora de
percepción y
+37% cobertura
Ordóñez-
Barona et
al., 2022.
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Ciudad
País /
Región
Problema
Principal
Estrategia
Implementada
Resultado
Fuente
Loja
Ecuador
Valoración
utilitaria;
servicios
culturales
subvalorados
Encuestas de
disposición a
pagar y valoración
ecosistémica
+38,58%
valoración
servicios
recreativos
Herrera-
Feijoo,
2024
Kumasi
Ghana
Deforestación
urbana por
percepción
negativa
Arboricultura
comunitaria con
enfoque cultural
Incremento del
28% en
aceptación
Shackleton
et al., 2021
Pune
India
Conflictos por
diservicios
(raíces,
alérgenos)
Planificación
participativa con
especies nativas
Reducción de
conflictos en 40%
Nagendra
et al., 2018
Cochabamba
Bolivia
Baja
participación
ciudadana en
gestión del
verde
Integración de
saberes indígenas
y Vivir Bien
Apropiación
comunitaria
incrementada
Gudynas,
2021
Ibarra
Ecuador
Percepción
negativa, TDN y
desconexión
socioecológica
Revisión crítica +
propuesta Buen
Vivir regenerativo
Sin datos
publicados
(brecha
identificada en
esta revisión)
Elaboración
propia
Nota: La fila de Ibarra refleja la ausencia de datos empíricos publicados, registrada como brecha crítica
(Autores, 2026).
4. Discusión
Sesgos geográficos y metodológicos del corpus
Esta asimetría epistémica es realmente significativa: dificulta la capacidad de expandir
la política de silvicultura urbana para incluir contextos donde la urbanización implica
segregación socioespacial informal e hibridación cultural.
Sí, modalidades válidas, pero no la experiencia fenomenológica, la kinestesia
ecológica, los valores relacionales que los vecinos forjan con los árboles. Caminatas
eco-fenomenológicas, cartografías sociales, historias de vida con el territorio: todo
esto está subestimado, cuando son exactamente lo que se usaría para interpretar las
memorias bioculturales locales.
En este último grupo, estudios recientes, como Astell-Burt y Feng (2023),
proporcionan evidencia de apoyo sobre la disminución de trastornos psicológicos
asociados con una exposición crónica a la infraestructura verde en alta densidad
urbana. Sin embargo, esta evidencia carece de un aspecto esencial del estudio, la
conexión con las experiencias de aquellos del Sur Global. Y sin embargo, la gran
ausencia en todos los clústeres sigue siendo la misma: la integración de
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cosmovisiones no occidentales, como el Buen Vivir, lo que subraya la pertinencia de
proponer un giro decolonial en la teorización de la percepción comunitaria del
arbolado.
Tipología y determinantes de la percepción negativa del arbolado urbano
Shackleton et al. (2021), en un estudio comparado de ocho ciudades de África
subsahariana, documentaron que los residentes de barrios de bajos ingresos perciben
los árboles principalmente a través de sus diservicios, mientras que los residentes de
estratos medios y altos reportan mayor apreciación por los servicios culturales y
estéticos. Este gradiente socioeconómico ha sido documentado igualmente en Bogotá
y Medellín (Ordóñez-Barona et al., 2022), São Paulo (Inostroza et al., 2022) y Nairobi
(Nagendra et al., 2018).
Los datos técnicos sin contexto ciudadano se convierten en un argumento para la tala.
Y sin suficiente mediación comunicativa, estas circunstancias alimentan directamente
nuestra percepción del árbol como un elemento deteriorado y peligroso.
Lo que sucedió en Pérez Guerrero lo deja muy claro: un árbol cae en la Av. Ricardo
Sánchez o las raíces levantan el pavimento, la narrativa ciudadana se cierra muy
rápido - y siempre en la misma dirección. Palliwoda et al. (2017) muestran que el
vínculo emocional con los árboles en realidad predice actitudes más pro-conservación
en comparación con el conocimiento técnico sobre sus beneficios basados en el
ecosistema.
Evidencia comparada en ciudades intermedias del Sur Global
Cuando observamos la literatura que se mueve de un lado a otro a través de los Andes
y América Latina, hay una gran diferencia. El análisis dasométrico ya no es adecuado,
la literatura más reciente está orientada hacia la justicia espacial verde como una
categoría fundamental para comprender la urbanización, la cobertura arbórea y la
comunidad. No se trata solo de cuántos árboles hay, sino también de quién tiene
acceso a ellos, quién sufre sus desventajas y quién toma las decisiones. Bogotá ha
ofrecido evidencia clara con pruebas contundentes: la reducción en la cobertura
arbórea es bastante dramática en los estratos socioeconómicos más bajos y también
se puede notar el fenómeno de la modulación térmica.
En Bogotá, Teusaquillo y Chapinero cumplen con los criterios de la OMS, mientras
que en Bosa hay siete personas compartiendo un solo árbol. Ordóñez-Barona et al.
(2022) ilustran rigurosamente en Bogotá y Medellín: tal distribución desigual reorienta
la regulación climática localizada, pero también influye en las formas en que las
comunidades valoran - o desprecian - la cobertura arbórea urbana. Las poblaciones
sin acceso sostenido a espacios verdes de calidad difícilmente desarrollan vínculos
afectivos con el arbolado. En sectores periféricos con déficit crónico de cobertura
arbórea, la desconexión sensorial exacerba una visión utilitaria del árbol -el cual
frecuentemente pasa como un riesgo para la precaria infraestructura vial y de
servicios.
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Esta misma dinámica es visible en el tejido urbano ecuatoriano. Investigaciones
comparativas han revelado que la percepción funcional y estética del verde urbano
está fuertemente fragmentada por variables socioeconómicas y patrones de
artificialización del paisaje. Al estudiar el Trastorno por Déficit de Naturaleza en la
ciudad de Quito, se evidenció que la falta de interacción corporal y sensorial continua
con los ecosistemas genera un distanciamiento afectivo, particularmente agudo en las
generaciones jóvenes. Gudynas (2021) describe este fenómeno con el inquietante
nombre de “bioalteridad artificializada”. Para la ciudad, la naturaleza se reduce y se
desplaza con un simulacro. Se podría argumentar que los seres vivos aparecen
ordenados, disciplinados, prescindibles. En la acera, el árbol no es un organismo con
su propia historia y función ecológica; es un mobiliario urbano que se tolera mientras
no rompa el pavimento.
El consenso no es inevitable, aunque no lo es, ni se desmantela con campañas de
plantación de árboles. Algunas experiencias pueden incluso tomarse en otra dirección.
Ngom et al. (2024) descubrieron que la gobernanza participativa de los espacios
verdes mejora tanto la supervivencia de los árboles como el empoderamiento
ambiental real a nivel local, en su investigación sobre modelos de gestión en el Sur
Global. La relación puede cambiar cuando las comunidades están involucradas en la
toma de decisiones, el mantenimiento y el significado de los árboles, y la percepción
también. Así que el árbol ya no es una amenaza o una mera obra de arte. Comienza
a fusionarse con el suelo compartido. Una vez que una comunidad pasa de ser
receptora pasiva de las normas municipales a participante real en el diseño biocultural
de los barrios en los que vive, el sentido de abandono desaparece significativamente.
Un árbol problemático se convierte en su propio árbol. Las narrativas de amenaza se
reemplazan, no por historias de amenaza, sino por historias de apropiación, cuidado
y gestión territorial.
El Buen Vivir como marco transformador: Análisis crítico
El Buen Vivir articula tres dimensiones profundamente entrelazadas que reconfiguran
la gobernanza del arbolado urbano. El Buen Vivir no propone ajustes técnicos al
modelo vigente - propone otra lógica. La dimensión ética exige reconocer al árbol
como sujeto de derechos con valor intrínseco, no como mobiliario verde. El artículo 71
de la Constitución ecuatoriana lo establece sin ambigüedad: la naturaleza, o Pacha
Mama, tiene derecho al respeto integral de su existencia y a la regeneración de sus
ciclos vitales. Estos derechos pueden ser exigidos a la autoridad por cualquier
persona, comunidad, pueblo o nacionalidad (Constitución de la República del
Ecuador, 2008; Acosta, 2012). En Ibarra, este deber constitucional rara vez cruza la
puerta del departamento de gestión ambiental municipal. Además, la dimensión
epistémica es incorporar el conocimiento ecológico local Kichwa en la planificación
técnica municipal.
Las comunidades Kichwa de Imbabura comparten conocimientos bioculturales sobre
ciclos estacionales, especies nativas e interrelaciones entre el agua y la cobertura
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vegetal que están ausentes en cualquier SIG municipal. No reconocerlos no es solo
una pérdida cultural, sino también un fracaso técnico. Planificar árboles que ignoren
el territorio vivo sobre el cual buscan operar trabaja desde el principio con una
comprensión incompleta. No como folklore incluido en el archivo, sino como
conocimiento legítimo y constitutivo del proceso. Y el tercero es político: democratizar
la gobernanza de los árboles urbanos; convertir lo que a menudo se reduce a una
consulta formal -que con demasiada frecuencia termina siendo solo una formalidad-
en una cogestión significativa y efectiva (Gudynas, 2021); al hacerlo, construir una
arquitectura conceptual de gobernanza biocultural.
Es preciso reconocer que el Buen Vivir aparece en esta revisión como un marco aún
no está empíricamente verificado en revistas indexadas, por lo que la planificación
verde sigue siendo principalmente retórica a escala municipal. Esta brecha entre el
mandato constitucional y la gestión cotidiana representa un campo de investigación-
acción de alto potencial.
Implicaciones para la gestión regenerativa del arbolado en Ibarra
La síntesis de evidencia puede apoyar la articulación de la agenda de intervención
transdisciplinaria diseñada para Ibarra: a) educación ambiental sensorial y kinestésica
utilizando caminatas interpretativas con guías Kichwa, y la identificación de árboles
patrimoniales; la visualización de paisajes escolares verdes puede producir una
recuperación observable del estrés fisiológico y la fatiga mental en niños y
adolescentes que viven en un entorno urbano (Li & Sullivan, 2020); proporciona una
base empírica para intervenciones kinestésicas en espacios educativos para mitigar
el Trastorno por Déficit de Naturaleza en Ibarra; b) gobernanza participativa e
intercultural de los recursos forestales trabajando con organizaciones dirigidas por
Kichwa y jóvenes; c) restauración ecológica contextual con especies nativas andinas
como: aliso (Alnus acuminata); arrayán (Myrcianthes hallii); pumamaqui (Oreopanax
ecuadorensis) y; cedro (Cedrela montana) (Herrera-Feijoo, 2024); d) políticas públicas
bioéticas alineadas con el ODS 11.7 y el mandato constitucional para los derechos de
la naturaleza.
La desconexión estructural en la que se encuentra la ciudad requiere una gestión
regenerativa, y esta revisión la sitúa dentro de este “triángulo virtuoso” epistémico:
Buen Vivir, Ecología Humana y Ecología Integral. Tres marcos distintos, una dirección:
reconfigurar la gobernanza urbana desde sus cimientos. La democratización
comunitaria es el primer vértice. Por todos sus derechos, la Constitución ecuatoriana
declara a la Pacha Mama no solo como un sujeto (Art. 71); coloca ese reconocimiento
dentro de la categoría de soberanía participativa (Art. 104) y la economía solidaria
(Art. 283). Traducir esto en Ibarra significa desmantelar la planificación verde de arriba
hacia abajo del GAD municipal. El árbol urbano ya no puede ser tratado simplemente
como mobiliario - Haraway (2016) diría que es una “especie compañera”, una especie
de ser vivo que coevoluciona con, en lugar de ser instalado o removido por la ciudad
mediante un decreto.
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Las ideas andinas de diseño de paisajes y sistemas de agroforestería urbana, entre
ellas, la Chakra, son manifestaciones de esta reorganización intercultural. Son
alternativas ontológicas, no posibilidades decorativas. El segundo punto trata sobre la
kinestesia ecológica. Soga y Gaston (2020) demuestran que la reconexión sensorial
directa es una condición para superar el NDD. Esto implica políticas de alfabetización
ecológica integrada: caminatas eco-fenomenológicas en corredores verdes donde los
ciudadanos -especialmente niños y jóvenes- tocan, escuchan e interactúan con el
aliso, el pumamaqui, el arrayán. No en el aula. En el territorio. Solo a través de la
estimulación de la kinestesia ecológica se puede desarticular la apatía ambiental y
mitigar los crecientes índices de déficit de naturaleza.
El tercer vértice es la corresponsabilidad ética. Superando las lógicas del
antropocentrismo extractivista y del biocentrismo extremo, la Ecología Humana aporta
el sustento antropológico para que el habitante de Ibarra asuma el rol de “custodio
ético”. Hans Jonas (1995) formuló el principio con precisión deontológica: Actúa de tal
manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de la vida
humana auténtica en la Tierra. Aplicado a la silvicultura urbana, este imperativo no es
retórica filosófica, es un mandato de gestión. La Ecología Integral lo confirma: todo
está conectado (Francisco, 2015). La degradación de los árboles en los barrios
periféricos de Ibarra no es un problema técnico aislado, es el reflejo visible de la
inequidad social acumulada y la exclusión política. Un modelo regenerativo tiene que
partir de ahí. La corresponsabilidad no puede reducirse a convocar mingas de
plantación; exige empoderar a los comités vecinales en el monitoreo técnico del
arbolado, en la protección jurídica comunitaria y en la valoración intergeneracional del
dosel arbóreo como pilar de salud pública local.
Análisis comparativo del estado del arte
La comparación sistemática entre la literatura previa y el aporte de la presente revisión
evidencia renovaciones epistemológicas y metodológicas que posicionan este trabajo
en la frontera del conocimiento de la silvicultura urbana del Sur Global (Tabla 3).
Tabla 3
Análisis comparativo: Estado del Arte global vs. aporte de la presente revisión desde
el Buen Vivir
Criterio
Literatura Previa (2019-2024)
Aporte de Esta Revisión
Enfoque teórico
Funcionalista, ecosistémico y
psicosocial
- Socioecológico, fenomenológico y
bioético: Buen Vivir, bioalteridad,
kinestesia ecológica, ontología relacional
- La ética ambiental de base personalista
no opone al ser humano frente a la
naturaleza, sino que lo sitúa como
interlocutor responsable dentro de una
comunidad biótica donde los vínculos de
cuidado son constitutivos de la identidad
moral (Marcos & Valera, 2022); este
principio es operacionalmente
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Criterio
Literatura Previa (2019-2024)
Aporte de Esta Revisión
compatible con la dimensión relacional
del Buen Vivir andino.
Escala geográfica
Megaciudades o capitales: Bogotá,
Leipzig, Guangzhou, São Paulo,
Nairobi
Ciudad andina intermedia: Ibarra,
Ecuador; contexto de transición urbano-
rural con cosmovisión kichwa
Grupo etario
General o adultos urbanos
Niñez, adolescencia, jóvenes, adultos
mayores con segmentación educativa y
territorial
Herramientas
metodológicas
Encuestas, SIG, análisis
estadísticos cuantitativos
Instrumentos mixtos: fenomenología
experiencial, PRISMA 2020, biozonas
perceptuales
Innovación
conceptual
Vínculo emocional, accesibilidad,
estética del verde urbano
Bioalteridad, arquetipos artificializados,
kinestesia ecológica, TDN andino,
ontología relacional
Marco jurídico-
político
Recomendaciones generales de
planificación verde
ODS 11.7, derechos de la naturaleza,
Constitución del Ecuador 2008 y Buen
Vivir
Perspectiva
decolonial
Parcial o ausente; predominio de
marcos del Norte Global
Perspectiva decolonial crítica desde el
Sur Global andino con cosmovisión
intercultural kichwa
Nota: Elaboración a partir de la revisión sistemática PRISMA 2020 (Autores, 2026).
Brechas de conocimiento y agenda de investigación
Brechas identificadas
La revisión sistemática identifica cuatro brechas críticas que definen la agenda
investigativa pendiente.
La primera es la ausencia de escalas de medición culturalmente contextualizadas para
poblaciones andinas bilingües (español-kichwa). La escala de Conectividad con la
Naturaleza -NR Scale- desarrollada por Nisbet et al. (2009) mide los componentes
afectivos, cognitivos y experienciales del vínculo humano-naturaleza, y ha demostrado
que altos índices de NR correlacionan positivamente con conductas pro-conservación
y tiempo voluntario en entornos naturales. Pero su adaptación cultural para contextos
andinos bilingües sigue siendo, una deuda metodológica sin saldar.
La segunda brecha tiene nombre propio: kinestesia ecológica. La capacidad de sentir
el ecosistema con el cuerpo entero, como dimensión de la conectividad con la
naturaleza, permanece prácticamente inexplorada en la literatura metodológica
disponible.
La tercera brecha es más cercana. Casi no hay estudios sobre la relación entre la
identidad étnica y la percepción de los árboles. La falta de representación no es
despreciable en Ibarra (donde coexisten comunidades mestizas, Kichwa Otavalo y
afrodescendientes del Valle del Chota). Un análisis de los árboles patrimoniales en la
parroquia El Sagrario muestra que los encuestados atribuyen valor a los árboles
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principalmente por su valor histórico-cultural (53.68%) y como iconos
intergeneracionales (18.94%). Sin embargo, esa percepción agrega a toda la
población sin distinguir cosmovisiones ni memorias territoriales diferenciadas.
Las diferencias probablemente son significativas - y el corpus actual simplemente no
las ve. La cosmovisión kichwa otavaleña, que atribuye al pumamaqui una historia y
una agencia propias, configura una percepción del arbolado radicalmente distinta a la
de un vecino mestizo que lo evalúa en términos de riesgo estructural.
La cuarta brecha será la más difícil para esta revisión: hay una ausencia de evidencia
empírica publicada sobre lo que sucede cuando el Buen Vivir se incluye
específicamente en los esquemas municipales de árboles. De hecho, el cantón de
Ibarra no mantiene una declaración legal sobre los árboles patrimoniales: las
entidades responsables del Patrimonio aún no han formalizado ese reconocimiento.
Cuando, de hecho, la Constitución consagra a la Pachamama como sujeto de
derechos, y el 99% de los encuestados en esta encuesta consideran relevante
conservar los árboles patrimoniales, este abismo entre el mandato constitucional y la
gestión municipal no es meramente técnico. Es política. Y esa es, precisamente, la
brecha que esta investigación se propone comenzar a cerrar. Una ausencia que,
justifica la presente esta revisión.
Agenda de investigación propuesta
A partir de las brechas identificadas, se propone una agenda transdisciplinaria: (1)
Desarrollo y validación de escalas interculturales de percepción ecológica urbana para
contextos andinos bilingües. (2) Estudios fenomenológicos sobre la kinestesia
ecológica a través de caminatas sensoriales, entrevistas en profundidad y análisis de
narrativas biográficas con la naturaleza del aula del bosque. (3) Evaluación
experimental del impacto de intervenciones piloto basadas en biofilia aplicada y
educación sensorial. (4) Investigación-acción participativa para el diseño de un modelo
de cogestión intercultural de árboles urbanos alineado con el Buen Vivir y los ODS 11
y 15.
5. Conclusones
La presente revisión crítica sistemática demuestra algo que va más allá de la queja
vecinal o el conflicto con el municipio: la percepción negativa del arbolado urbano en
ciudades intermedias del Sur Global -y específicamente en Ibarra- no es una
respuesta mecanicista ante los diservicios objetivos de los árboles, sino síntoma de
una crisis socioecológica más profunda. La desconexión socioecológica, la
prevalencia del TDN como fenómeno heurístico y la erosión progresiva de la identidad
biocultural no ocurren por separado - se alimentan mutuamente y se refuerzan en un
ciclo difícil de romper desde dentro.
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Los 63 estudios que fueron sintetizados forman un patrón reconocible. La percepción
negativa se intensifica en lugares que tienen baja conectividad con la naturaleza,
donde los ciudadanos no han participado en la gobernanza verde, donde la
infraestructura arbórea se ha compartido de manera desigual y donde se ha perdido
el conocimiento ecológico local. Cada uno alimenta a los otros. Este ciclo tiene
nombres específicos en Ibarra: el 64.86% de las especies en las carreteras son
exóticas; el cantón no tiene una declaración legal de árboles patrimoniales, aunque el
99% de los encuestados considera esencial protegerlos, y el municipio aún gestiona
los árboles bajo criterios técnicos que desestiman los valores histórico-culturales que
los propios ciudadanos valoran.
Buen Vivir - Sumak Kawsay: Un marco teórico, ético y legal-basado en la Constitución
ecuatoriana de 2008-es la mejor respuesta desde este contexto andino respecto a
este diagnóstico, y simultáneamente es la mejor respuesta para el problema en
cuestión. Pero su poder transformador es más una promesa que un resultado
comprobado. La única evaluación de impacto publicada de las políticas de Sumak
Kawsay es sobre indicadores macroeconómicos y no sobre los resultados en la
gobernanza verde urbana o la desconexión socio-ecológica a nivel local para Ecuador.
La ausencia de evidencia empírica en ese cruce específico es, precisamente, la
brecha más urgente que la investigación futura tendrá que cerrar.
Ibarra tiene una oportunidad histórica. Desde su legado biocultural kichwa, puede
transitar hacia un modelo de ciudad regenerativa donde el arbolado sea valorado no
como infraestructura decorativa, sino como pilar vivo de la sostenibilidad y la
reciprocidad con la Pachamama.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
DECLARACIÓN SOBRE EL USO DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL GENERATIVA
“Los autores declaran que no utilizaron herramientas de inteligencia artificial
generativa en la elaboración de este manuscrito.”
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